Dones y Talentos

Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas.

1 Pedro 4:10 NVI

Ideas

 

La iglesia necesita todos los dones que pueda tener una persona. Puede que sea el de hablar en público, el de la música, el de la habilidad para visitar. Puede ser una habilidad que se puede usar en el servicio práctico de la iglesia. Puede que sea una casa que alguien tenga, o el dinero que ha heredado. No hay dones que no se puedan poner al servicio de Cristo.

Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado.
Pues así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás.
Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe; si es el de prestar un servicio, que lo preste; si es el de enseñar, que enseñe; si es el de animar a otros, que los anime; si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad; si es el de dirigir, que dirija con esmero; si es el de mostrar compasión, que lo haga con alegría. Romanos 12:3-8

Talento iglesia

El cristiano tiene que considerarse un administrador de Dios. En el mundo antiguo, el administrador era muy importante. Puede que fuera un esclavo, pero tenía en sus manos la hacienda de su amo. Había dos clases principales de administradores: El mayordomo que era responsable de todos los asuntos domésticos de la familia y repartía las provisiones de la casa; y el vilicus, que estaba a cargo de todos los negocios de su amo y actuaba en su representación con sus arrendatarios. El mayordomo sabía muy bien que ninguna de esas cosas sobre las que ejercía control le pertenecía; todas pertenecían a su amo. Y de todo lo que hacía tenía que dar cuenta a su amo, cuyos intereses debía servir.

El cristiano siempre debe tener la convicción de que nada de lo que posee de bienes materiales o de cualidades personales es suyo propio; todo pertenece a Dios y debe usarlo en el interés de Dios ante Quien siempre es responsable.
Cada uno—“Según que cada uno haya recibido”, en cualquier grado y de cualquier especie. Los dones del Espíritu (literalmente) “dones de gracia”, dones impartidos gratuitamente) son propiedad común de la comunidad cristiana, siendo cada cristiano solamente mayordomo para la edificación del todo, que no recibe el don solamente para su propio bien. adminístrelo—sin descontento ni envidia, sin menospreciar el don de otro, todo cristiano tiene algún don que poner en práctica.

Cuando los músculos no se usan, se atrofian. Se van achicando hasta que quedan inútiles. Lo mismo sucede con los talentos que el Señor reparte entre los miembros del reino.

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